Reseñas

Born Again, Frank Miller y David Mazzucchelli

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Volver a nacer. Una purificación completa. Limpiar tus pecados y empezar de nuevo. Una segunda oportunidad; poder enmendar tus errores. ¿Quién rechazaría algo así? Pero para lograrlo antes debes perderlo absolutamente todo. Ésta es la odisea por la que pasa Matt Murdock, y también Daredevil, que son la misma persona, pero que son diferentes. Y es que cada uno comprende un modo de vida opuesto al del otro. Aún así se necesitan. Se complementan. De modo que esta es la historia del abogado ciego de la cocina del infierno, justiciero de noche, Matt Murdock, que lo pierde todo por no renunciar a una parte de sí mismo a la que no puede renunciar, aunque hay muchísima gente mala interesada en que lo haga.

Todo empieza con Karen Page. La que fuera secretaria del propio Murdock, se encuentra ahora en una situación extrema. Ha caído en la drogadicción, y sus pretensiones de ser actriz de Hollywood, se han visto sustituidas por una brillante carrera en el cine pornográfico. Las cosas no pueden irle peor; daría lo que fuera por una dosis. De modo que hace lo impensable: vender la identidad secreta de Daredevil por un asqueroso chute. La información llega a oídos de Kingping, el individuo que más daño podría desear hacerle al justiciero. Así que, por medio de un ilimitado poder de corrupción y de perversas influencias, Kingping hace todo lo posible para que éste pierda su trabajo, su casa y a sus seres queridos. Y ¡Vaya si lo consigue! De ahí en adelante, solo queda renacer de las cenizas, que no es algo que uno haga todos los días.

Lo que destaca más fuertemente de esta historia acerca del hombre sin miedo es la situación de profunda y visceral humanidad en la que llegamos a verle. Pocas veces habrá aparecido tan hundido y vulnerable. No se nos mostrara a un Daredevil con una suficiencia ilimitada para afrontar los conflictos tanto física como emocionalmente. Desaparecen todos los ideales que acostumbran a atribuirse a los héroes, por los cuales su compromiso está por encima de su propia supervivencia y solo acaba con la búsqueda de la seguridad de los inocentes y la restitución de la justicia. Aquí vemos a un Daredevil que renuncia a esos valores y los pondrá en tela de juicio. Hastiado y desesperanzado, deja de creer que la lucha contra el crimen requiera de tal sacrificio y empieza a pensar en sí mismo; a recelar de la gente. Se vuelve mentalmente frágil y proclive  a la locura. Viene a ser como cualquiera de nosotros. Pierde la fe.Y es que si algo convierte a Daredevil en Daredevil, no es llevar un traje de cuero y un palo. Es su fe. En las personas y en sí mismo. La más poderosa arma por la cual todos podemos convertirnos en héroes. Y la de Daredevil solía ser la más inquebrantable de todas. Pero Kingping ha conseguido arrebatársela y convertirlo en mero ser humano a merced de las circustancias. Aquello que antes sostenía lo que ahora no pueden sostener tan solo un puñado de músculos, ni toda la fuerza del mundo.

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El aspecto espiritual tiene una gran relevancia en un personaje profundamente cristiano. Es vital en su naturaleza. Y todo gran conflicto que tenga que afrontar tiene como catalizador, en su génesis y en su resolución, un motivo de índole religiosa. La analogía de caída y resurgimiento, así como la de redención, son claro reflejo de un fundamento cristiano. Y eso es sin duda lo que dota de fuerza a una historia sobre Daredevil. Les confiere a sus historias la complejidad y resonancias emocionales suficientes como para hacerlas enormemente disfrutables. Y esta Born Again no es ninguna excepción.

Frank Miller demuestra sus capacidades como narrador, para manifestar la quintaesencia de este personaje. Con un desarrollo de los personajes elaborado y puntilloso, provee a la historia de épica y hace malabarismos manejando las tramas y subtramas que la componen. Así todo tiene un peso específico. Nada se deja al azar. Y si antes hablábamos de la necesidad de una redención, está no se limita solo a Daredevil, sino que todos los personajes tienen que hacer su pequeño acopio de fuerza personal y arrojar su pequeña aportación a una causa que los vincula a todos. Que es la lucha contra el mal. Siendo este un mal externo (gordo y calvo, por lo general), o uno que procede de ellos mismos. Así, Karen Page tiene que superar su dependencia de las drogas, que la tiene esclavizada; Foggy y Ulrich tienen que superar sus propios miedos y hacer un último esfuerzo por apoyar a su amigo, que los necesita. Y todos necesitarán de la ayuda de todos para lograrlo. Por ello, cada elemento tiene un peso específico en la trama. Y Frank Miller consigue resolverlo todo magistralmente; si bien con algo de precipitación en el final, siendo éste algo súbito y anti climático. Pero la fuerza del viaje es innegable y os atrapará. Una obra modélica para introducirse en la genealogía de un personaje emblemático.

 

Rubén Vicente

Un pequeño asesinato, de Alan Moore y Oscar Zárate

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Un pequeño asesinato es una obra extrañísima y muy personal de Alan Moore y el dibujante Oscar Zárate. Y es que, aunque pueda parecer impropio de un autor que tiende a abundar más en historietas de superhéroes, o fantásticas en general, este breve relato íntimo y terrenal esconde unos principios universales con los que resulta fácil identificarse. Sobre todo al alcanzar cierta edad: la crisis existencial y de identidad, lo esquivo de algunos recuerdos, los traumas de la infancia…

Se nos presenta a Timothy Hole. Un creativo de publicidad cuya carrera va en ascenso, pero que ha dejado atrás un matrimonio convulso. Este se irá reconstruyendo a lo largo de numerosos flashbacks que se irán intercalando con la línea narrativa principal. Esta es, un niño extraño y que no se sabe muy bien de donde ha salido se le aparece al protagonista en los momentos más inoportunos, consiguiendo a veces ponerle en apuros. Este niño parece tener algo que ver con él. Quizá represente una parte de sí mismo o quizá se trate de una versión de su niñez. En cualquier caso, Moore nos lo contará, sin ofrecer respuestas fáciles ni resoluciones satisfactorias, mientras se mueve a caballo entre Inglaterra y los EE.UU. Podría ser perfectamente una historia autobiográfica. De ahí, que resulte una de sus obras más personales y genuinas.

Los dos autores adoptan un enfoque de la historia claustrofóbico y laberíntico, casi surrealista; haciendo hincapié en la atmósfera y acentuando la sensación de paranoia, de persecución, e incluso de pérdida de contacto con la realidad. El seguimiento al que le está sometiendo ese niño y sus dolorosos recuerdos le están haciendo perder la cabeza. Es un hombre normal, que se enfrenta  a una situación para la que no está preparado, y de la que no puede escapar, ya que seguramente esté ocurriendo en su propia cabeza.

Para recrear este viaje, resulta inestimable el aporte de Zárate en la ilustración. Sus dibujos confieren cualidades vaporosas a los personajes y escenarios y acentúan la pertinente sensación de irrealidad que puebla el comic. Me parecen espectaculares sus grandes composiciones. Con locales de ocio urbanitas abarrotados de gente; grandes avenidas surcadas de neón; alienantes aeropuertos bulliciosos. Todo ello contrastaría con zonas más pueblerinas, más abandonadas, casi fantasmales, que se identifican más con la infancia (como por ejemplo el lugar de origen del protagonista. Consigue dotar a las imágenes de una sensación propia de los albores del siglo 20(la historia se ambienta en los años 80), donde asolan males como la despersonalización, el feroz capitalismo, la incomunicación y la pérdida del rumbo marcado por nuestros sueños. Apoyándose en el magnífico uso del color, que aporta una variedad cromática en función de las localizaciones y de los sentimientos de los personajes, que yo pocas veces he visto en un comic.

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Moore realiza aquí uno de sus frecuentes pinitos experimentales poniendo voz a lo que acostumbra a esconderse. Esto es, el protagonista deambula mientras habla con alguien por escenarios donde se da una gran afluencia de gente, y sus diálogos se confunden con los de tantos seres anónimos que en ese momento hablan de sus cosas; triviales siempre como siempre nos lo resultan las cosas de los demás. Aparecen sus temas de conversación de forma fragmentada e inconexa, como pedazos de charla que puedes discernir si te acercas lo suficiente a ese pequeño círculo social de la esquina, o a esa otra pareja que está apoyada en la barra. Se remarca la aleatoriedad del hecho y lo efímero de la existencia humana.

En última instancia, Un pequeño asesinato se manifiesta como un rompecabezas al que siempre le faltará una pieza. Esa pieza eres tú. De ahí lo universal del relato y lo abierto de sus interpretaciones. Es una historia que tendremos que completar con nuestra propia experiencia vital, pero que quizá nunca lleguemos a comprender del todo igual que es difícil comprenderse uno mismo. Por ello, me parece un cómic de lo más recomendable. Modesto y atípico, sin grandes ambiciones realmente, pero de más hondo alcance espiritual. Este es el pequeño asesinato universal de Alan Moore y Oscar Zarate. Un asesinato que todos cometemos tarde o temprano en nuestras vidas.