Un pequeño asesinato, de Alan Moore y Oscar Zárate

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Un pequeño asesinato es una obra extrañísima y muy personal de Alan Moore y el dibujante Oscar Zárate. Y es que, aunque pueda parecer impropio de un autor que tiende a abundar más en historietas de superhéroes, o fantásticas en general, este breve relato íntimo y terrenal esconde unos principios universales con los que resulta fácil identificarse. Sobre todo al alcanzar cierta edad: la crisis existencial y de identidad, lo esquivo de algunos recuerdos, los traumas de la infancia…

Se nos presenta a Timothy Hole. Un creativo de publicidad cuya carrera va en ascenso, pero que ha dejado atrás un matrimonio convulso. Este se irá reconstruyendo a lo largo de numerosos flashbacks que se irán intercalando con la línea narrativa principal. Esta es, un niño extraño y que no se sabe muy bien de donde ha salido se le aparece al protagonista en los momentos más inoportunos, consiguiendo a veces ponerle en apuros. Este niño parece tener algo que ver con él. Quizá represente una parte de sí mismo o quizá se trate de una versión de su niñez. En cualquier caso, Moore nos lo contará, sin ofrecer respuestas fáciles ni resoluciones satisfactorias, mientras se mueve a caballo entre Inglaterra y los EE.UU. Podría ser perfectamente una historia autobiográfica. De ahí, que resulte una de sus obras más personales y genuinas.

Los dos autores adoptan un enfoque de la historia claustrofóbico y laberíntico, casi surrealista; haciendo hincapié en la atmósfera y acentuando la sensación de paranoia, de persecución, e incluso de pérdida de contacto con la realidad. El seguimiento al que le está sometiendo ese niño y sus dolorosos recuerdos le están haciendo perder la cabeza. Es un hombre normal, que se enfrenta  a una situación para la que no está preparado, y de la que no puede escapar, ya que seguramente esté ocurriendo en su propia cabeza.

Para recrear este viaje, resulta inestimable el aporte de Zárate en la ilustración. Sus dibujos confieren cualidades vaporosas a los personajes y escenarios y acentúan la pertinente sensación de irrealidad que puebla el comic. Me parecen espectaculares sus grandes composiciones. Con locales de ocio urbanitas abarrotados de gente; grandes avenidas surcadas de neón; alienantes aeropuertos bulliciosos. Todo ello contrastaría con zonas más pueblerinas, más abandonadas, casi fantasmales, que se identifican más con la infancia (como por ejemplo el lugar de origen del protagonista. Consigue dotar a las imágenes de una sensación propia de los albores del siglo 20(la historia se ambienta en los años 80), donde asolan males como la despersonalización, el feroz capitalismo, la incomunicación y la pérdida del rumbo marcado por nuestros sueños. Apoyándose en el magnífico uso del color, que aporta una variedad cromática en función de las localizaciones y de los sentimientos de los personajes, que yo pocas veces he visto en un comic.

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Moore realiza aquí uno de sus frecuentes pinitos experimentales poniendo voz a lo que acostumbra a esconderse. Esto es, el protagonista deambula mientras habla con alguien por escenarios donde se da una gran afluencia de gente, y sus diálogos se confunden con los de tantos seres anónimos que en ese momento hablan de sus cosas; triviales siempre como siempre nos lo resultan las cosas de los demás. Aparecen sus temas de conversación de forma fragmentada e inconexa, como pedazos de charla que puedes discernir si te acercas lo suficiente a ese pequeño círculo social de la esquina, o a esa otra pareja que está apoyada en la barra. Se remarca la aleatoriedad del hecho y lo efímero de la existencia humana.

En última instancia, Un pequeño asesinato se manifiesta como un rompecabezas al que siempre le faltará una pieza. Esa pieza eres tú. De ahí lo universal del relato y lo abierto de sus interpretaciones. Es una historia que tendremos que completar con nuestra propia experiencia vital, pero que quizá nunca lleguemos a comprender del todo igual que es difícil comprenderse uno mismo. Por ello, me parece un cómic de lo más recomendable. Modesto y atípico, sin grandes ambiciones realmente, pero de más hondo alcance espiritual. Este es el pequeño asesinato universal de Alan Moore y Oscar Zarate. Un asesinato que todos cometemos tarde o temprano en nuestras vidas.

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